Resultados tangibles de la Gestión por Confianza (GpC)


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Como investigador académico tengo la tendencia de fundamentar mi pensamiento en aspectos teóricos y conceptuales. Podría apuntar varias razones de naturaleza filosófica para defender la tesis de que las empresas que busquen la eficiencia en una realidad como la actual tendrian que adoptar un modelo de gestión basado en la confianza. No obstante, como consultor sé que a las organizaciones les interesan los beneficios tangibles que la adopción de este modelo puede suponer. A fin de cuentas, operan en un mundo en el que todo se justifica por los efectos logrados, por los resultados obtenidos y los números que aparecen en los balances anuales.

Bajo este punto de vista más pragmático, podemos enumerar varias razones para implantar la Gestión por Confianza. En realidad, estas razones son la antítesis de las consecuencias que la falta de confianza acarrea en las organizaciones. Y no podría ser de otro modo: si la falta de confianza dificulta la atracción de talentos, por ejemplo, la creación de un ambiente de confianza favorece su incorporación, así como su permanencia en la empresa.

Para no ser demasiado redundante con las ideas ya expuestas, sintetizo a continuación los principales beneficios que las organizaciones pueden obtener al implantar un modelo de gestión basado en la confianza.

Reducción de costes. La infraestructura de sistemas, normas, formas de vigilancia y controles internos para garantizar que los empleados hagan lo que deben hacer sólo se justifica por la falta de confianza en las personas y consume una parcela considerable de recursos económicos. En contrapartida, en la medida en que se establecen relaciones de confianza entre las personas y entre ellas y la organización, se da mucha más autorresponsabilidad y menos necesidad de control, lo cual, consecuentemente, implica una reducción de costes. Aquí, se deben contabilizar también la ganancia de productividad de los jefes, que dejan de invertir tanto tiempo en la vigilancia de sus equipos para dedicarse más a las funciones que suponen resultados para la empresa.

Fomento de la innovación. En un ambiente de confianza, las personas se sienten libres para expresar opiniones e ideas y utilizar la creatividad para buscar soluciones o nuevas formas de actuación. Percibir que la empresa valora estas actitudes y que incluso las incentiva, las inspira a buscar el perfeccionamiento propio, nuevos conocimientos y el desarrollo de sus talentos potenciales, lo que a su vez enriquece la calidad de su contribución. Se crean así condiciones ideales para la innovación, que depende fundamentalmente de la creatividad, del talento, del conocimiento y del espíritu participativo de los empleados. Por desgracia, con frecuencia percibimos talentos profesionales que no afloran por falta de espacios de confianza.

Integración y fluidez. La confianza predispone a las personas a abrirse a escuchar y comprender a los demás, lo que les permite crear canales de comunicación y asumir una postura que favorece relaciones basadas en el ganar-ganar. Y gracias a estas actitudes se consolida la cooperación, sustentada en la creencia de que nadie alcanza un objetivo solo, y sí que todos los miembros del equipo lo logran juntos. Así se forman equipos caracterizados por la cohesión y por la fluidez de los procesos internos, lo que sin duda influye en sus resultados, no sólo los relacionados con el trabajo, como la productividad y el rendimiento, sino también en los de carácter psicosocial, como la automotivación, el bienestar y la satisfacción.

Gestión del conocimiento. Cuando hay confianza las personas se muestran más abiertas al intercambio. Sin miedo a perder la propiedad de experiencias, conocimientos y competencias, realizan la transferencia del saber, que es la condición para la construcción del aprendizaje organizacional. La empresa, por su parte, puede realizar efectivamente la gestión del conocimiento (y no sólo de la información), que es el factor estratégico para un alto rendimiento.

Imagen de confiabilidad. El sentimiento de confianza de las personas se traslada más allá de los muros de la organización e influye positivamente en las relaciones con socios, proveedores y clientes. Lo cual refuerza y legitima la imagen de confiabilidad que toda empresa necesita mantener ante el mercado.

Como se ve, la implantación de la Gestión por Confianza se justifica no sólo por los efectos psicológicos que proporciona, sino también por los resultados concretos que conlleva. Comprendida, la confianza, como un activo intangible de la empresa, un capital social ‘más importante que el capital financiero’, como dice Francis Fukuyama, puede convertirse en diferencial competitivo de primera magnitud. Y este es uno de esos diferenciales, todos estaremos de acuerdo, que ningún competidor podrá copiar.

(fragmento del Capítulo 3 del libro Confianza, la clave para el éxito personal y empresarial‘ de Gasalla y Leila Navarro)

Continuará…

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