Fluir con la vida (II)


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Aunque estemos utilizando nuestros talentos y cumpliendo nuestros propósitos, aunque confiemos en nosotros mismos y tengamos creencias compatibles con la realidad que deseamos vivir, aun así pueden surgir problemas y crisis. La cuestión, para evolucionar, es encarar nuestros infortunios no como zancadillas del destino, sino como oportunidades para aprender. En esto consiste fluir.

Veo una estrecha relación entre el fluir y la conciencia de que la vida la gobierna una inteligencia benigna, cuyas leyes facilitan el equilibrio y la evolución continua. Así veo a Dios. Hay quien cree en un Dios que nos pone a prueba, pero no es mi caso. No creo que Él se levante de mal humor el lunes y diga: ‘Hoy tengo ganas de perjudicar a Leila’. A decir verdad, siempre esperé lo mejor de la vida, porque creo que nací para ser feliz y que el Universo conspira a mi favor. Lo cual no significa que la existencia sea siempre un lecho de rosas. Surgen crisis, dificultades y problemas, sí, creados muchas veces, además, por nosotros mismos. Sea como sea, entiendo que estas situaciones también son benignas, porque nos hacen crecer.

Como dice Humberto Maturana, el ser humano aprende a través de la curiosidad o del dolor. La curiosidad proporciona respuestas: es lo que nos incita a entender el porqué de las cosas. Y el dolor, por ser una sensación que no aguantamos demasiado tiempo, nos obliga a tomar una determinación. Su función es hacernos conscientes de aquello que necesitamos cambiar en nuestra vida o en nosotros mismos. Podemos ver que, en el caso de Sindai, lo que provocó las dos grandes crisis en su trayectoria de emprendedora fueron su temperamento impulsivo y la falta de asertividad con relación a los socios. Hay momentos en los que la impulsividad nos lleva a tomar decisiones erróneas y la falta de asertividad nos convierte en rehenes de la voluntad de terceros. En el caso de Sindai, superó la primera crisis con confianza en sí misma y una inquebrantable fe. Pero no aprendió la lección. Siguió actuando a impulsos y a expensas de sus socios, lo que provocó la segunda crisis. Fue entonces cuando se preguntó qué podía aprender de aquella situación, obtuvo la respuesta y dio un salto evolutivo.

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Es una lástima que, a diferencia de ella, muchas personas se pasen la vida obteniendo los mismos resultados indeseables sin cuestionarse qué deben hacer para romper ese patrón… Yo ya no pierdo el tiempo peleando con la vida. Cuando las cosas no van como a mí me gustaría enseguida me pregunto: ‘¿Qué me puede enseñar lo ocurrido?’ Confío en la inteligencia que gobierna el Universo y sé que siempre me dará lo que es mejor para mí; así pues, veo la crisis como una oportunidad y la aprovecho para crecer.

Recuerda que en la historia de Silvio Celestino, contada páginas atrás, también hubo una crisis que cambió el rumbo de su vida. Resulta que cuando su negocio de informática iba a las mil maravillas, el sector de la tecnología entró en una profunda crisis y dio al traste con su negocio. Silvio se arruinó e incluso cayó enfermo, pero no se rindió ni se dedicó a lamentarse de su mala suerte, como por desgracia muchas personas hacen. Él aceptó la situación y se puso a buscar algo nuevo. Como estaba abierto a nuevas oportunidades, siguió el consejo de su amigo sobre coaching y así se encaminó hacia una nueva actividad, en la cual está teniendo un gran éxito.

Saber que el Universo conspira a nuestro favor y fluir con la vida, incluso cuando parece que todo sale mal, refuerza increíblemente nuestra confianza. Nos hace sentir más seguros para hacer frente a las crisis, a los problemas, a lo desconocido y a la incertidumbre del futuro, que es el signo de nuestro tiempo.

Tal vez tú no fluyas porque has obtenido malos resultados y confías cada vez menos en el Universo. Para romper este ciclo acostúmbrate a preguntar: ‘¿Qué tengo que aprender de esto?’ Llega hasta el fondo y busca una respuesta con determinación. Si no consigues encontrarla, pide ayuda. Permítete crecer con la situación que estés viviendo y reconocerás que ha ocurrido por tu bien.

‘Dios escribe derecho sobre líneas torcidas’, ¿no es esto lo que se dice? Créelo y sentirás cómo tu confianza gana en fortaleza.

(fragmento del Capítulo 3 del libro Confianza, la clave para el éxito personal y empresarial‘ de Gasalla y Leila Navarro)

Continuará…

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