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Confianza básica

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Entender las raíces de la confianza (y las de su ausencia) en nuestra vida me llevó a estudiar la obra de psicólogos del siglo XX que establecieron las bases para comprender nuestro comportamiento. Entre las distintas teorías y aproximaciones a este respecto adopté las del psicólogo alemán Erik Erikson (1902-1994) para trazar un paralelismo con mis ideas y percepciones. Erikson identificó ocho fases en el proceso hacia la madurez del ser humano, de las cuales las cinco primeras, a mi modo de ver, son básicas para el desarrollo del sentido de confianza.

Al periodo que va del nacimiento hasta los 18 meses de edad lo denominó fase de confianza básica-desconfianza básica. Como somos incapaces de entender racionalmente qué ocurre alrededor de nosotros, tan sólo reaccionamos según nuestras emociones. Para nosotros, la realidad está polarizada: sentimos placer o angustia, bienestar o incomodidad, seguridad o miedo. De este modo, si viviéramos en un entorno acogedor, se nos atendiera tan pronto echáramos a llorar, estuviéramos bien cuidados y alimentados por nuestra madre y fuéramos amados entenderíamos instintivamente que podíamos confiar en ella y que nuestras necesidades se verían satisfechas. Recibimos así los primeros estímulos para proyectar confianza hacia los demás y hacia el mundo. Por otro lado, en la medida en que no obtuviéramos la atención, el cariño y los cuidados deseados, desarrollaríamos sentimientos de inseguridad, rechazo o desvalía, recelo ante la vida y el futuro. Los psicólogos dicen que en situaciones extremas de falta de confianza básica hay personas que se sienten atraídas por el suicidio.

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Transformar creencias (I)

gasalla

Sabemos que podemos asimilar creencias negativas y limitadoras que perjudican la confianza en nosotros mismos y en la vida, pero también tenemos que saber que podemos transformarlas para aumentar así nuestro nivel de confianza.

Las creencias sólo son modelos mentales adquiridos; percibimos la realidad que nos rodea a través de ellas. Si tenemos un modelo mental que dice que viajar en avión es peligroso, no confiaremos en el transporte aéreo o nos dará miedo volar. Pero si nos convencemos definitivamente de que hay un accidente aéreo por cada millón de vuelos y que volar es más seguro que viajar en automóvil, nos desprenderemos de aquel modelo y empezaremos a confiar en los aviones. Por esta razón suelo comparar el cerebro con el disco duro de un ordenador: se trata de grabar y borrar programas, sólo eso.

En la práctica podemos borrar cualquier modelo. Podemos librarnos de las creencias que tienen su origen en experiencias personales desagradables del pasado, de aquéllas que adquirimos de personas que influyeron en nuestra educación o del entorno sociocultural en el que vivimos y que se han transformado en ‘verdades absolutas’ para nosotros.

Para empezar, tenemos que tomar conciencia de que no existen verdades absolutas. Lo que existe es la verdad particular que elaboramos a partir de nuestros modelos mentales y de la interpretación que hagamos de los hechos. Un vaso con agua por la mitad ¿está medio lleno o medio vacío? Quien tenga mucha sed es probable que piense que está medio vacío, quien sólo necesite beber un trago considerará que está medio lleno y quien no tenga sed en absoluto tal vez ni se haya fijado en cómo está el vaso. La realidad es muy relativa. Si, por ejemplo, creemos que alguien quiere perjudicarnos, esta creencia nos hará percibir una intencionalidad en todo lo que haga esa persona, aunque no sea su intención perjudicarnos. Puede incluso que nos elogie y que nosotros, desconfiados, pensemos: ‘¿Qué pretenderá este fulano con tanta adulación?’ El hecho es que dedicamos mucho tiempo intentando confirmar nuestras creencias y de este modo creamos nuestras ‘verdades’.

Los físicos cuánticos van más lejos: dicen que en el Universo coexisten simultáneamente infinitas posibilidades de realidades y que nosotros, con nuestros patrones de pensamientos, somos quienes escogemos la realidad que se manifestará en nuestras vidas. ¿No es fantástico? Es la explicación científica de algo que distintas corrientes espiritualistas siempre han afirmado: ‘El hombre tiene el poder de crear su realidad‘. Y también de lo que la sabiduría popular no se cansa de decir: ‘El pensamiento negativo atrae lo malo y el positivo, lo bueno‘.

(fragmento del Capítulo 3 del libro Confianza, la clave para el éxito personal y empresarial‘, de José María Gasalla y Leila Navarro)

Continuará…

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